Hola gente linda. ¿Cómo empezaron
el 2013? Espero que rodeados de afectos, y con todas las pilas y esperanzas de
que este sea un gran año (y es mi deseo que así sea para todos).
Mi fin de año fue bastante
particular, como ya les anticipé un poquito en el post anterior vino acompañado
de esos cambios trascendentales que dan vuelta un poco todo, que nos ponen
patas para arriba. Si les soy sincera lo que ando viviendo no lo hubiera
imaginado ni por asomo unos meses atrás. No estaba en mis planes. Pero como
sucede frecuentemente con la vida, esta nos sorprende y hace sus propios
planes. Y uno tiene que aceptarlos y surfear las olas, tomar fuerzas y
enfrentar las cosas. Y así como nos suceden cosas maravillosas y se nos
presentan hermosas sorpresas, también pasan otros sucesos que nos tiran un poco
abajo y nos dejan tristes.
De todos modos, estoy
convencida de que por algo pasan las cosas, que la actitud con que uno tome
todo es lo que hace la diferencia entre una existencia de felicidad y paz (aún
en medio de la adversidad), y una de amargura. Y ya me conocen, trato de ser
positiva y ver oportunidades en las crisis, de tomarlas como un aprendizaje. Yo
soy de afrontar y luchas por las cosas, pero algo que también aprendí es que
hay momentos en que uno debe saber cuando una causa no debe seguir siendo
luchada y se debe tomar otro camino, que aunque parezca difícil tomar
decisiones, basarnos en ser coherentes con nosotros mismos y nuestras metas es
lo que mas nos conviene.
Un poco dicho todo esto, en
este primer post del año les voy a contar algo muy personal y profundo que me
anda pasando. Ando nada menos que con penas de amor, producto de que una
relación de pareja de ocho años está terminándose.
Ya les he hablado de él muchas
veces. Les he contado de nuestros muchos paseos, salidas, de infinidad de
momentos compartidos. Tal vez a quienes me vienen leyendo hace rato entonces todo
esto los tome por sorpresa. Puedo decirles que a todos los que me conocen los
agarró de la misma manera. A mi me tomó por sorpresa sin ir mas lejos.
Realmente un tiempo atrás no lo hubiera ni imaginado.
Los últimos meses no han
sido fáciles. De ser tan unidos yo comencé a notar un alejamiento de su parte.
Se lo dije incluso. Ya no era tan atento, ya no estaba tan pendiente, ya no me
ponía entre sus principales prioridades. Empecé a sentirme un poco sola, a
sentirme dejada de lado. Y han sucedido cosas que me han hecho perder la
confianza. Cosas que se me metieron en la cabeza, que me negaron de que fueran
ciertas. Pero sin embargo siguieron sucediendo hechos de esos que mi sexto
sentido me decía que algo raro pasaba. Y vino todo un tiempo en que caí en la
horrenda actitud de revisar bolsillos (algo que jamás me había pasado y me
hacía sentir muy mal), de encontrar cosas que me desarmaban un poco. Que
algunas las he sufrido solas, tal vez negándomelas. Que otras las he
confrontado y recibí siempre respuestas del tipo “te imaginas cosas, nada que
ver”. Pero llegó un punto en el que ya sentí que si tenía una especie de venda
en los ojos no podía seguir teniéndola. Por mi salud mental debía darme cuenta
que se había hecho un circulo vicioso. Que yo no lo reconocía en sus actitudes,
que yo no me reconocía en las mías. Que ya mis lágrimas derramadas eran muchas,
y que yo eso no me merecía.
Hemos tenido charlas varias.
No todo se dio de un día para otro. La semana pasada me admitió que hace unos
meses se sentía frio hacia mi. Que me amaba, que yo era maravillosa, que no era
nada que yo hubiera hecho, que nada le faltaba. Pero que sin embargo así se
sentía. Que había estado dándole vueltas al asunto sin saber que hacer, que se
sentía culpable de sentirse así porque sabía que yo no le había dado motivos.
Que no le interesaba otra persona, que no era que no me quisiera ni que no fuera
importante para él. Pero que estaba en una especie de abulia.
Asumido que había una crisis
de este tipo, el tema era que hacer con esto. Sus respuestas eran que no sabía,
que era lo que estaba dando vueltas en su cabeza los últimos tiempos. Como soy
de luchar por las cosas, mi primer ofrecimiento fue que intentáramos superar
esto, volver a estar como antes. Pero claro, estas cosas no son fáciles. Y de
alguna manera me di cuenta de que iba a ser remar sola hacia esa dirección.
Porque a él no lo veía muy convencido. Y remar sola no está bueno, ni tiene
mucho sentido. Uno lo que hace es gastar todas sus fuerzas, y probablemente ni
mover el bote.
Seguí con todo esto en la
mente, y me di cuenta de que debía ser coherente conmigo misma. Yo valgo mucho,
y me merezco estar con alguien en quien si pueda confiar. Alguien con quien
pueda compartir mi vida, con quien formar una familia. Y que en este momento no
encontraba en él esto, por más que si hubiera sido mi realidad de los años
anteriores que compartimos. Que me había puesto en un rol feo con eso de
revisar, con esa venda en los ojos. Lo que nunca quise para mi, lo que siempre
dije que no iba a permitir. Y todo esto me había hecho sentir fuera de mi eje.
No era yo misma. Estaba sufriendo, y eso no esta bueno. Así que después de
darle vueltas al asunto decidí que lo mejor era cortar por lo sano y plantear
una separación.
Esta decisión fue de las más
difíciles que he hecho. No quería tomarla. Realmente que no. Pero en este caso
no quedaba otra opción. Tuvimos una charla importante por este tema. De alguna
manera nos dimos cuenta de que va a ser lo mejor. Que debemos tomar un poco de
distancia para analizar bien las cosas que anduvieron pasando, para examinar
nuestros corazones. Que de seguir juntos lo único que íbamos a lograr es que
cada vez fueran peor las cosas, que empezaran a restar los acontecimientos.
Esta charla fue hecha de una
manera muy adulta, con respeto, con cariño. Porque nos dimos cuenta que no
falta el amor, pero que sin embargo en este momento eso no es suficiente. Que
hay cosas que debemos descubrir sobre cada uno. Fue una charla sin reproches,
sin rencores, sin culpas. Yo no puedo culparlo por sentir lo que siente. Somos
humanos, a cualquiera le puede pasar. Me puede poner triste porque yo me
imaginaba una vida juntos, una familia con él. Esto fue lo que siempre habíamos
tenido en mente. El se imaginaba lo mismo, pero de todos modos este otro
sentimiento lo acompaña últimamente.
Debo decir que estos días
luego de tomar esta decisión han sido de muchas charlas más, de mucha
sinceridad. A quien estuvo conmigo estos últimos tres o cuatro meses no lo
reconocía. A quien estuvo hablando todo esto conmigo estos dias si. Esta es la
persona de la que me enamoré, solo que pasando por un momento así.
A los dos nos va a costar,
nos vamos a extrañar. Pero sabemos que esta distancia es necesaria. Si será
definitiva o provisoria hoy no se decirles. Supongo que Dios dirá. Hoy en día sé
que no puedo aferrarme a una idea u a otra, no sé que pasará.
Lo que puedo decirles es que
estoy a pesar de todo bastante tranquila con esto que está sucediendo. Como les
había contado, me sentía con todo esto agotada, en mis últimas fuerzas. Oré por
estas fuerzas, por poder tomar la decisión correcta y poder afrontar sus
consecuencias. Y siento que fui escuchada por un ser superior, que me otorgó
estas fuerzas. En cierto sentido me siento acompañada, con confianza en que
será para mejor.
Sé que serán tiempos difíciles
los que vengan. Todavía todo tiene un sentido de irrealidad. Todavía está
viendo para donde se va, por lo que seguimos compartiendo la casa mientras
tanto. Sé que cuando haya conseguido adonde ir y llevado sus cosas su ausencia
me va a pesar. Sé que lo voy a recordar en todos los rincones, en todos los
objetos, en todos los espacios compartidos. Y es que en estos ocho años hemos
compartido mucho, hemos vivido mucho. Por eso sé que vendrán tiempos duros, que
será todo parte de un duelo. Y tengo la certeza de que esto también pasará.
Ya en mi pasado he
transcurrido una separación de una pareja anterior, la cual lloré algunos
meses, y luego salí adelante. Luego con el tiempo pude darme cuenta de que fue
lo mejor que me podía haber pasado. Que eso permitió que llegaran muchas cosas
mejores. Hoy entonces me aferro a eso mismo. Se que aunque duela uno no muere
de amor. Que luego de un duelo uno lo supera, y que la vida nos depara bellas
cosas.
Una amiga me dijo hace unos
días: Dios da y también quita. Pero cuando quita es porque luego dará algo
mejor.
Supongo que uno tiene que
tener confianza en eso. Que uno debe creer que lo mejor está por venir. Que los
cambios son necesarios. Que nos hacen crecer cosas como está. Que estos
momentos son los que nos hacen valorar y apreciar las cosas cuando se encauzan
nuevamente. Yo tengo total confianza de que va a ser así.
Como les decía, luego de
meses en los que he llorado bastante, en este momento siento bastante paz a
pesar de estar transitando este momento tan difícil. Soy otra vez coherente
conmigo misma. Me siento acompañada por mi familia y mis amigas. Estos días
recibí el apoyo de mis padres, de mi hermano, de amigas. Inclusive de ustedes
que con sus lindos comentarios, sus mails, me han hecho llegar su apoyo. Y yo
todo eso lo valoro y agradezco mucho. Me dan fuerzas, y eso es muy importante
para mi.
Será por lo tanto un año de
muchos cambios, pero le voy a dar pelea como siempre. Me propongo seguir siendo
feliz, seguir maravillándome ante la vida. Seguir aprendiendo, conociendo
gente, descubriéndome a mi misma. Seguir compartiendo risas y por sobre todo
seguir soñando. Saber que si caigo me voy a levantar. Que lo que no te destruye
te hace más fuerte.
Por eso, añito 2013 oíme
bien: se buenito conmigo, cura mis penas y lléname de risas y lindos momentos,
de nuevos sueños, de muchas alegrías.