martes, 31 de agosto de 2021

Creciendo

Hace mucho que no escribo en el blog. Dos meses han pasado. Y unos bastante intensos.

En julio estuvo mi cumpleaños, un día hermoso que pude compartir con la familia cercana. Lejos de las reuniones multitudinarias con amigos que solía hacer, pero por lo menos mejor que el año pasado que solo fue con saludos a través de zoom. Y además con la nena en brazos, que de por si ese es un regalazo de la vida.

Ese mes también trajo el fin de mi licencia por maternidad. Esa que pude extender por nueves meses gracias a la excedencia y a usar unos días de vacaciones pendientes. Fue prepararme mentalmente para el retorno a la rutina laboral, empezar a hacer adaptación de la nena con abuelos.

Esto último tuvo sus altibajos. Los primeros días eran bastante desalentadores ya que hubo mucho llanto. Pero luego fue mejorando, y por suerte ella se empezó a quedar más tranquila y creo que los abuelos también. Durante dos semanas yo acompañaba, así que fue algo gradual. Ya después era un poco adaptarse si o si.


Y finalmente el regreso al trabajo en agosto. Muy intenso todo, así de lleno metida desde el minuto uno. Con cambios porque la empresa compró a otra, así que en pleno proceso de integración y adaptación mutua. Eso ya de por si es un esfuerzo que añade complejidad a la tarea diaria. Así que el primer mes me encontró a full, casi no levantándome de la silla en toda la jornada. Agotador en extremo, y sobre todo porque estamos ajustando a la rutina de la nena. El llevarla a lo de los abuelos, levantarnos más temprano, preparar viandita, cocinar para la semana, etc.

Por otro lado la vuelta al trabajo fue volver a poner la cabeza en otros temas, un recuperar algo de la vida pre madre. Y eso no es menor. Así que es un mix realmente, con sus pros y sus contras.

En estos días no hubo mucho tiempo para lecturas, ni para ver series, ni siquiera para leer blogs. Será cuestión de ir ordenando y haciendo espacios para eso.

Y mientras tanto la niña creciendo a pasos agigantados. Ya se para agarrada de los muebles, ya da sus primeros pasos de la mano del adulto, explora cada vez más, intenta subirse a las escaleras. Es lindo ver estos avances en ella. Cuando me quiera acordar voy a estar festejando su primer cumpleaños.

 

 

viernes, 25 de junio de 2021

Reptando por todos lados

La nena tiene ya ocho meses y se lo pasa reptando por el living. Habrá empezado con esto hace un mes atrás. No gatea todavía, apoya la panza y se impulsa con brazos y piernitas. Y toma bastante velocidad, eso hay que decirlo. 


Por ahora lo hace en el living comedor, que es la zona donde estamos la mayor parte del tiempo. Se empecina igual en dirigirse hacia la cocina, pero allí no la dejo entrar porque se encuentran las cosas del gato. Sería un problema que anduviera tratando de agarrar el alimento que este tiene en su platito, o sus piedritas sanitarias. Cada vez que se acerca ahí la agarro y la saco. Le digo que soy el guardia de frontera y que ella no tiene su pasaporte para pasar. ¡Y esto ocurre unas cuantas veces por hora! 

Es frecuente verla bajo la mesa y sillas, y ya está intentando alcanzar cosas que tiene a mano. Poco es lo que hemos dejado, hay una biblioteca con unos libros a los que toca los lomos pero no puede todavía hacer mucho más con ellos. La casa se sigue adaptando para acompañar sus nuevas habilidades. 


Es lindo verla crecer. Entre otras cosas está aprendiendo a incorporarse. Si hay alguien sentado en el piso con ella, se trepa y estando afirmada en la persona se arrodilla o apoya sus pies. Por ahora es un equilibrio bastante precario, pero es la forma que tiene de ir ejercitando esos músculos. 


Todavía no aprendió a sentarse, pensé que para estas alturas ya habríamos tenido algún acercamiento a eso pero se ve bastante verde el tema. Cada chico tiene sus ritmos, no me preocupo. 


Así paso mis días persiguiendo a la bebé por el piso. Con bajas temperaturas en esta parte del planeta, no dan muchas ganas de salir. Estamos en la antesala del fin de semana así que seguramente alguna salida hagamos, más no sea a pasear por los alrededores. 

 

martes, 15 de junio de 2021

En el mes de la fertilidad, un poco de mi camino

 En el mes de la fertilidad, la coordinadora de un grupo de mamás con el que mantenemos una charla semanal me propuso escribir algo sobre mi historia, dado que el camino para llegar a tener la bebé no fue tan fácil.  

Me pareció interesante dado que era poner en palabras el proceso, y además porque si del otro lado hay alguien que está leyendo y que ha pasado o está pasando por algo parecido, siempre puede ser un aliciente. Una esperanza al saber que aunque no todo sea como una lo planeó, muchas veces se logra finalmente cumplir ese sueño. Yo agradezco hoy poder tener a mi hermosa hija en brazos. 


Así que aunque el texto fue pensado para compartir en otro ámbito, quiero dejarlo aquí también en un post. Alguna vez dije que en el blog iba a resumir un poco lo vivido estos años relativo a este tema. Aquí está: 



Siempre supe que quería ser madre. Hubo un tiempo en que eso lo veía para un futuro, primero estaba por ejemplo el recibirme de la facultad, junto a otros proyectos. Con mi pareja nos conocimos cuando ambos estábamos estrenando la treintena, y enseguida fue evidente el deseo de formar nuestra familia. De hecho la propuesta del bebé vino a la par de la del casamiento: en la zona de El Chaltén, frente a una maravillosa laguna y luego de una caminata de varias horas por la montaña, me preguntó si me quería casar con él o si teníamos antes un bebé. La respuesta fue que si a ambas cosas.

Ahí comenzamos nuestra búsqueda de ser padres, enero del 2015. Pero los meses fueron pasando y el bebé no llegaba. El ginecólogo al que yo iba hacía muchos años le quitó importancia aunque por la edad y el tiempo transcurrido debería habernos mandado a hacer algún estudio. Me recomendaron a otro que era especialista en fertilidad, y allí si nos mandaron a estudiar varias cosas. En un espermograma salió que solo el 1% de la muestra era morfológicamente normal, que había poca cantidad de espermatozoides y encima con poca movilidad. Todos valores malísimos. Allí nos derivaron al andrólogo, especialista en los temas masculinos relacionados con la reproducción. Decidimos intentar mejorar los valores con vitaminas y unos preparados especiales que el médico indicó.

El tiempo siguió pasando y las mejoras que conseguíamos eran bastante escasas. En el horizonte estaba el intentar con un tratamiento de alta complejidad, pero yo no me sentía lista para encarar un in vitro todavía.

Lo anímico iba variando. A veces me sentía muy triste porque no se nos daba el embarazo, otras estaba esperanzada de que lo íbamos a lograr.

En el mientras tanto decidimos finalmente casarnos, y también hicimos una serie de viajes lindos. Algo que aprendimos con todo esto es que ayuda mucho el sacar el foco de lo que sentíamos que no teníamos, del bebé que no llegaba, y concentrarnos en todo lo que si existía. El amor entre nosotros, los amigos, la posibilidad de compartir viajes. La vida misma. Entender que había mucho por lo que estar agradecidos.

En un momento cambiamos de andrólogo, y este descubrió una varicocele. Era una punta a la que atacar, ya que eso era operable. Por lo menos era un motivo concreto que explicaba los bajos valores. Y así fue como mi marido se operó. Pero tampoco eso fue solución.

Promediando el 2019 decidimos finalmente consultar por el in vitro. Fuimos a un centro de fertilidad que nos recomendó un compañero de trabajo mío. Allí el proceso fue largo, pero por suerte siempre nos sentimos contenidos. La médica y el equipo fueron muy humanos y nos acompañaron. En el trabajo tuve que comentarle a mi jefe la situación, puesto que todo esto implicaba muchas visitas al centro. Por suerte también tuve apoyo de su parte. Tuvimos que actualizar estudios, gestionar autorizaciones en la obra social, y finalmente estábamos preparados para incentivar los ovarios. Las inyecciones me las aplicaba mi marido. Logramos sacar 19 ovocitos, 11 de ellos maduros. Los fecundaron con una muestra que dejó mi esposo, y cada día nos informaban como avanzaban. Solo 4 embriones lograron llegar a ser congelados.

Por mi edad, 39 años en ese momento, nos habían recomendado realizarles un estudio genético. Esto fue lo único que abonamos, ya que la ley de fertilidad vigente logró que todo lo demás estuviera cubierto. El resultado nos lo dio la médica el día antes de navidad: 3 estaban óptimos, y 1 tenía problemas. Tres chances, nuestro milagrito nos esperaba.

Hicimos la transferencia de un embrión en febrero del 2020. Ni siquiera le comentamos a la familia que ese día era el procedimiento, no queríamos que nadie nos preguntara ni generara ansiedades. Ese mismo día nos dijeron que el embrión que estaban poniendo era de sexo femenino. Si todo funcionaba allí estaba mi soñada niña. Un poco de ansiedad, pero también gran alegría y expectativa.

A las dos semanas un análisis de sangre nos confirmaba la feliz noticia: estaba embarazada. A cinco años de comenzar la búsqueda, allí estaba creciendo la vida dentro mío.

Hicimos la ecografía donde escuchamos su corazoncito latir. ¡Cuánta emoción! Lo pudimos contar personalmente a los abuelos. Y luego llegó la pandemia, lo que obligó a llevar el embarazo en bastante soledad. Por otro lado tuvo lo positivo de que fuera bastante resguardado, sin moverme de casa con una panza pesada a pesar de trabajar hasta el último momento.

En octubre 2020 llegó finalmente al mundo la pequeña Emilia. Una gran bendición, y el sentir que todo lo pasado había valido la pena. Dimos comienzo a la aventura de la maternidad.

De todo esto mi recomendación para el entorno de una pareja con infertilidad, es que es importante acompañar sin entrometerse. Es algo muy personal, cada uno lo vive de manera diferente. Ser empático, no juzgar, no minimizar el dolor.

Y para aquellas a las que les tocó transitar este camino, no bajar los brazos, pero al mismo tiempo permitirse disfrutar la vida como es. En una está en gran parte el elegir como lo transita. El dolor es real, pero el sufrir es opcional. Si tiene que llegar lo hará en el momento adecuado, pero no hay que dejar que se pase el tiempo sin vivir realmente.

 

lunes, 31 de mayo de 2021

Unos espectaculares membrillos asados


 Estoy probando nuevas recetasEsta es super fácil y muy rica, por lo que tengo ganas de compartirla. Si tienen antojo de algo dulce acá tienen una idea: membrillos asados. 

Yo nunca había comprado los membrillos como fruta, solo había comido el dulce ya comprado (que por cierto me gusta mucho). Esta vez fui a la verdulería y volví con dos bonitos membrillos. Los lavé bien, y los corté en rodajas. Son bastante duros, un cuchillo filoso ayuda. 


Los puse en una asadera, con un poquito de agua y un limón exprimido. Aquí se le habría podido agregar azúcar, yo no lo hice porque quería que fueran aptos para darle a la nena. 


Los tapé con papel aluminio y los metí en un horno a temperatura media / fuerte. Así dejé transcurrir unos 50 minutos. Pasado ese tiempo los destapé y agregué un poquito más de agua. Los cociné en el horno unos 20 minutos más. 


Y ahí ya estaban listos para comer. Facilísimo, ¿no?  


Yo agregué en el platito unas nueces. Ahí si le puse un poco de azúcar porque era para mi. También hice otra versión agregando queso philadelphia arriba. ¡Ambas un golazo! 


Algo rico, y bastante sano. Para darse un gustito en estos días frescos. 

jueves, 27 de mayo de 2021

Abuelos al rescate

 En dos meses tengo que reincorporarme en el trabajo. La verdad es que cuando pienso en ello sufro un poco. No tengo opción realmente, económicamente mi sueldo es necesario, así que no es que me esté planteando no hacerlo. Pero me da un poco de ansiedad saber como nos arreglaremos cuando llegue el momento.  

En un mundo ideal sin pandemia yo estoy segura de que hubiera escogido que la nena fuera aunque sea unas horas a un jardín maternal, y que después otro rato quedara al cuidado de abuelos. Mas que nada porque no es de mi gusto recargarles tanto a ellos que son personas mayores, y porque creo que la interacción con otros chicos y el estimulo que se recibe en un jardín es algo positivo. Pero en el contexto actual no es algo que sienta que puedo escogerlo ahora. Realmente es un riesgo exponerse, y aunque se asumiera eso por otro lado tampoco es que sea un tema con lo que uno puede contar al 100%. Porque un día hay clases presenciales, al otro son solo virtuales, al otro ni eso. Como todavía ella es muy chiquita se que no le estoy quitando tanto el tema de sociabilización entre pares, lo que si ocurriría si tuviera un par de años más. 



La opción que estamos viendo entonces es la del cuidado por parte de sus abuelos. Tanto de mi lado como del de mi marido se han ofrecido para ello, cosa que yo agradezco. No se todavía como será ese arreglo. Estamos pensando en algunos días mis padres, otros mis suegros. No se si días fijos en la semana, o si se alternaría sobre la marcha. Tampoco está tan definido si podrán venir a casa o si habrá que llevar a la nena adonde ellos viven. 

En el caso de mis padres, están un poco más cerca. Hemos hablado el llevarla nosotros hasta allí, algún día pasar a buscar a mi mamá para que la cuide en casa. Con mis suegros es más difícil porque nos separan más de 50 km. No podríamos llevarla y volver a casa para trabajar. Que ellos vinieran sería más fácil. 


Ya empecé a comprar algunas cosas que se van a necesitar tener para cuidarla en otro lugar que no sea nuestra casa. Artículos como pintorcito y babero para comer, platito y cubiertos, sillita, etc. 


Espero sinceramente que esto funcione, que no sea una carga muy grande para ellos. Y que sigan sanos y en condiciones de poder cumplir este rol. Juro que muchas veces esto me quita un poco el sueño. 


¿Cómo han vivido este tema si es que les ha tocado? ¿Les ha sido fácil? ¿Qué pusieron en la balanza para decidir a cuidado de quien dejar a un hijo/a?  


Mientras tanto trato de aprovechar el tiempo que me queda antes de volver a la rutina laboral. Disfrutar el verla crecer, el poder estar cuando va haciendo avances. Y estos son muchos, la verdad es que cada día logra algo que antes no.  

miércoles, 26 de mayo de 2021

Seguimos adaptando ambientes

Algo que hay que hacer cuando un niño está cerca de tener más movilidad propia es sin duda adaptar la casa para que no haya accidentes, hacerla un lugar seguro. En nuestro caso tenemos una escalera para ir al piso de arriba, así que era necesario ponerle redes de protección, incorporar puertas para trabar su acceso, etc. 


Si bien todavía la bebé no lo necesita porque apenas está desplazándose reptando por el piso, es cuestión de tiempo. Pedimos presupuestos e hicimos colocar una red (las fotos son del gato como inspector de la misma). También pusimos las puertitas, las cuales debían cumplir con frenar a la nena pero a la vez dejar pasar al gato. Las hicimos a medida entonces, pidiéndole a un herrero que las confeccionara. 


Un descanso en la inspección

Empezamos a reordenar cajones, quitar cosas que se pudieran romper o fueran peligrosas y que estaban cerca del piso. Y así de a poco la casa se sigue transformando. Es increíble como los espacios se ven colonizados rápidamente por juguetes, cochecitos, sillitas de comer, cunas, y demás objetos propiedad de los pequeños. 


Hace más de un mes que no publico, y realmente es que no me está siendo sencillo encontrar el tiempo para hacerlo. Por acá estamos bien, atareada con la bebé que crece a pasos agigantados. Todavía disfrutando de la excedencia laboral, pero sufriendo porque ya me queda poco de eso.  

De nuevo encerrados con días de cuarentena más estricta, en esta pandemia cada vez más larga e interminable. Volvimos a hacer encuentros virtuales para tener contacto con familia y amigos, y aprovechamos a dar una pequeña vuelta por el barrio cuando el clima lo permite y estamos dentro del horario permitido para eso. Hubo días fríos y lluviosos, un poco ayudaban a quedarse en casa sin sentir que era tanto lo que se perdía. 


Así estamos por aquí. ¿Como están ustedes? 

Otro descanso...

 

viernes, 16 de abril de 2021

A dos metros de distancia

Con lo de los dos metros bien podría estarme refiriendo a las distancias que hay que mantener entre personas como medidas de protección para el coronavirus. Pero esas directrices no hay quien no se lo sepa a esta alturaasí que el post en realidad es para mostrarles los acercamientos entre el michi y la bebé. 


La verdad es que hay una convivencia pacifica entre los dos pequeños de la casa, lo cual es de agradecerSiguen sin tener mucho contactopero ya ella lo registra mucho más al gatoCuando le pasa cerca lo sigue con la mirada. Y el michi la observa pero a una prudente distancia. 

La chiquita cumplió esta semana seis meses. ¡Es increible como pasa el tiempo
Ya en algunas ocasiones la hemos encontrado fuera de los límites del piso de goma eva
Apenitas al costadopero haciendo sus primeros intentos de reptar. No muy a menudo pasa todavía.
De todos modos estamos de a poco preparando la casa para cuando tenga más movilidad propia
Hoy por ejemplo han venido a instalar las redes de protección en la escalera, y este fin de semana seguramente instalemos el televisor del living en alturautilizando un soporte que compramos para amurarlo a la pared. 

Así estamosrefugiados en el hogar ya que cada vez pega más fuerte la segunda ola de contagios, en esta pandemia que ya parece tan eterna. Hay medidas más restrictivaspero lo cierto es que elegimos cuidarnos y tratamos de salir lo justo y necesario. Un consuelo es saber que nuestros padres ya tienen la primera dosis de la vacunaHabrá que seguir teniendo paciencia, y cuidarnos entre todos. 

¡Buen fin de semana!