jueves, 13 de diciembre de 2018

Dios tiene una ferretería

 Hoy cuando venía hacia el trabajo se me ocurrió que era interesante contarles esta historia, ya que es algo que nunca he mencionado por acá.

Resulta que todos los días para llegar a la oficina debo caminar casi diez cuadras desde donde me deja el colectivo hasta la empresa. Cuando ya estoy cerca, a eso de cuadra y media, paso por delante de una ferretería. Y ahí invariablemente me ocurre un hecho que por lo menos es singular: siento la presencia de Dios.
No es que yo sea fanática religiosa, ni que en cada lado que pase sienta eso. Pero puedo yo estar con la cabeza en cualquier parte y cuando paso por ahí es como que algo me dijera “aquí esta Dios”. Raro, ¿no? Uno pensaría que eso es más factible de ocurrir frente a una iglesia, no en un local donde venden tornillos.

No recuerdo cuando fue la primera vez que tuve esa sensación ahí. Hace varios meses, incluso años. Algo que pasa cuando camino por ahí es que siento un olor muy fuerte, como jazmines. Pero no logré identificar cual es la planta que lo origina. Hay un par de árboles por ahí, pero no son especiales ni diferentes a los que hay por el resto de la cuadra. Tal vez es una planta que está detrás de alguna pared y yo no llego a verla. Pero me sorprende siempre lo potente de ese aroma.

Tampoco es que haya entrado demasiado a ese local. Recuerdo una sola vez, cuando compré el candado que llevé a Paris para poner en el puente (anécdota por otro lado muy graciosa que he contado en este post). Y fue una compra como cualquier otra, nada que la distinga a un breve intercambio de palabras y un objeto por dinero.

Además, cuando paso por ahí veo si me cruzo a alguna persona, y mi pensamiento siempre es “hoy Dios se presenta con la forma de ella”. Puede ser un ciclista que pasaba, una señora con su chango de las compras, un pibe con pinta de oficinista, un viejito que avanza por ahí caminando, un obrero que sale del negocio, y hasta el gato gris que a veces se sienta en la puerta. Tiene múltiples caras, siempre diferentes. Y me gusta desearle (en mi interior, porque nunca se los digo) a esa persona que tenga un gran día.
¿Les pasó alguna vez algo así? Suena algo místico pero como es ya algo casi cotidiano a mí se me hace hasta normal. Es en cierta manera algo reconfortante.

No pasa de estos pensamientos y sensaciones, tampoco es que sea una revelación ni nada por el estilo. Pero me recuerda la presencia de alguien que nos cuida. Para mi que Dios tiene una ferretería.

Los dejo con esta anécdota, que tengan un lindo día.

martes, 11 de diciembre de 2018

Diciembre a puro encuentros y reuniones

 Al igual que el mes anterior, diciembre viene lleno de actividades.

Decidimos hacer una reunión en casa con amigos para compartir un asado, y un poco antes de que llegara el resto del grupo vino una de las parejas. Ellos tienen un niño pequeño, quien es el ahijado de mi marido.

La mamá del nene me había pedido que sacáramos unas fotos navideñas, y como yo enseguida me prendo para esos proyectos montamos un pequeño escenario en el patio de casa. Los materiales los había traído ella, desde una lona roja para el fondo, un arbolito de madera con buenos deseos, y un material para simular la nieve.
Gato intrigado con el escenario navideño
Nos divertimos con eso, y lo mejor creo es la cara de mi gato que no podía más de curioso y se acercaba a ver que estaba pasando. Les dejo unas fotos  de ese momento porque son de lo más graciosas. No se atrevía a pasar por ahí, pero estaba intrigadísimo.
Michi curioso :-)
La mini sesión quedó bonita, todavía ando editando.







 Luego de eso levantamos todas las cosas ya que en su lugar íbamos a poner la mesa. Ideal para estar al aire libre, el día estaba bellísimo. Fueron llegando el resto de los invitados y pasamos un día muy bonito.

Acá les dejo una imagen de dos de los peques del grupo jugando, con los chiches desplegados por ahí.

Otra salida muy linda fue la de este sábado que pasó. Un amigo nos invitó a su casa con la idea de hacer pizzas a la parrilla. Tiene una terraza muy agradable. Allí fuimos al caer la tarde y estuvieron tocando algo de música. Yo me entretenía mientras tanto con la cámara, y usaba a su gata de modelo. Una michi gris muy bonita.
Más tarde fue llegando el resto del grupo, y compartimos un rato entre amigos. ¡Celebro estas reuniones!

La gata controla desde arriba del sillón. 
El domingo hubo nueva ocasión de reunirse, nuevamente para comer un asado pero en la casa de otra amiga. De aquí no tengo fotos, pero les cuento que lo pasamos muy bien. Cerramos el día viendo todos juntos la final de la Copa Libertadores, que dio bastante que hablar por todas las idas y vueltas que tuvo. A mí el futbol mucho no me importa y menos los equipos que jugaban, pero igual fue entretenido como espectáculo.

Siguen las reuniones y festejos, diciembre es ajetreado.


¿Ustedes se están juntando también?



lunes, 10 de diciembre de 2018

Los libros de noviembre


El mes de noviembre leí dos libros, ambos de la saga Outlander, de la cual ya les había comentado con anterioridad:

Viajera, de Diana Gabaldon.
En este tercer libro de la saga, Claire Randall decide regresar al pasado cuando encuentra indicios de que su amor, Jamie, puede haber sobrevivido a la batalla de Culloden.
El destino los vuelve a unir, pero una serie de acontecimientos hacen que deban abandonar las islas británicas y llegar a las islas del Caribe. Allí no se ven exentos de peligros, desde piratas, pestes y nuevas amenazas de guerra.
Disfrute también su lectura, al igual que las entregas anteriores.

Tambores de otoño, de Diana Gabaldon.
En esta cuarta entrega, Jamie y Claire deciden embarcarse rumbo a las colonias americanas en busca de una nueva vida. Consiguen establecerse en las montañas de Carolina del Norte, pese al peligro por los indios y los animales salvajes.
Mientras tanto en el presente la hija de Claire, Brianna, descubre que su madre y el padre que no conoció tienen una amenaza sobre sus vidas de la que solo ella puede salvarlos. Así es como decide viajar al pasado, seguida de su amado Roger.
Por supuesto todo esto trae aparejado nuevas aventuras, más peligros, y algunos reencuentros.

Ya estoy leyendo la continuación, aunque debo decir que diciembre viene a un ritmo bastante lento. Con múltiples ocupaciones y salidas estoy encontrando pocos momentos para sentarme a leer.

¿Cómo van ustedes?


martes, 4 de diciembre de 2018

Popurrí (con imagenes del michi)

Hace rato que no paso por el blog. Noviembre fue un mes bastante ocupado, tanto en lo laboral como fuera de ahí. Acá un post popurrí, en donde les cuento de temas varios, con imágenes de mi modelito gatuno de fondo (otro que hace rato no se deja ver por acá).
Esa carita ♥
Para empezar, estuvimos con unos cuantos eventos sociales. Entre ellos, dos casamientos separados por una semana en el medio. Como me preguntaron en la peluquería previo a ambos festejos: “¿la gente se sigue casando?”. Pues si, y está lindo que se apueste al amor.
Dos lindas historias, dos celebraciones a todo trapo, las supimos disfrutar.

También fuimos al cumple de una amiga. Ella es más jovencita y estaba festejando sus 30 años. Decidió también hacerlo a lo grande, en un saloncito. Baile, rica comida y lindos momentos.

Descansando a la sombra
Otra de las salidas tuvo que ver con un acto infantil. El ahijadito de mi marido actuaba con la salita del jardín y fuimos a verlo. Yo estaba encargada de sacar las fotografías ese día. El pequeño actor tuvo un ataque de llanto durante su breve paso por el escenario. Pasado ese momento traumático hubo pizzas compartidas con la familia y pasamos también un hermoso rato.

Entre otras cosas, fuimos con mi marido a un recital. Hace rato que no iba a uno, y este fue un regalo de él, quien un día se apareció con las entradas. El artista: Diego Torres. Hermosa noche llena de música.

Por otro lado, este mes trajo una capacitación en fotografía. Tuve la oportunidad de tomar una mentoría con una fotógrafa que me encanta, y aprendí un montón. Digamos que me hizo reflexionar bastante, no solo con el tema fotos. Y tengo mucha tarea pendiente, como ponerme las pilas para sentirme cómoda con el flash externo, tomarme un tiempo para ver el programa lightroom (yo uso photoshop, que está muy bueno pero tardo más en editar cada foto), y replantear algunas cosas de mi flujo de trabajo cuando realizo una sesión.

Por otro lado, estuve trabajando en diseñar el fotolibro de mis vacaciones por Perú. Lo tengo ya impreso y quedó fantástico. ¡Que lindo tener esos recuerdos así! Uno más para la colección.

Con la dieta vengo para atrás. De los kilitos que había logrado bajar hace un par de meses ya recuperé la mayor parte. Me cuesta ponerme estricta, espero el 2019 lograr mejores resultados.
Diciembre ya está en modo encuentros y compromisos. Los próximos días ya los tengo ocupados con salidas con amistades, la fiesta del trabajo, etc. Cuando queramos acordar tenemos las fiestas encima.
Sobre las fotos que ilustran el post, no tienen nada que ver con el texto, pero se que hay varios lectores que son fan del michi y que reclaman novedades sobre él. Mi pequeñito peludo está muy bien, y como verán aprovecha bastante los días más cálidos para descansar en el patio. Si hay mucho sol elige la sombrita, y a veces se va a pasear por los techos. Con la perrita del vecino tienen una relación graciosa, ella lo ve y le ladra como loca, y el gato se queda a la vista sobre el muro provocándola hasta que lo llamo para que baje. La historia se repite varias veces en una misma tarde.
En el techo del quincho
¿Cómo han estado ustedes estos días? ¿Ya tienen planes para las fiestas?



Aca durmiendo una siesta sobre la ropa de los invitados, un día que teníamos gente en casa.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Los libros de octubre

Habiendo terminado los relatos viajeros de las vacaciones por Perú, el blog vuelve a tratar otros temas. Hoy por ejemplo les traigo las lecturas del mes pasado, que han sido unas cuantas. Un octubre movidito en cuanto a libros se refiere:

Al otro lado del mar, de Maria Cristina Restrepo.
 Una novela que me gustó, y que narra la historia de una pareja de alemanes viviendo en Cartagena de Indias. Ellos deben dejar esa vida tranquila al ser deportados con motivo de la desconfianza hacia el pueblo alemán en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Una época convulsionada, un mundo en guerra, y una familia que debe luchar por sobrevivir.
Muy interesante, es una cara tal vez no tan contada del conflicto.

Sarum, de Edward Rutherfurd.
Ya son varias las novelas que tengo leídas de este autor, y todas me han gustado bastante. En esta se concentra en la zona de Salisbury, escenario en donde transcurren las vidas de diferentes familias, en un espacio de casi 100 siglos. Desde los primeros moradores hasta una época más moderna. Comienza en la prehistoria y llega hasta los años 80, centrándose en los sucesos históricos más trascendentes.

Me encanta aprender sobre diferentes localidades y sobre su evolución. Un poco larga, pero igual recomendable.
Marina, de Carlos Ruiz Zafón.
Hace mucho que tenía este libro cargado en el ebook pero no me decidía a leerlo. Tal vez porque otra novela de su autor me había resultado tediosa. Lo cierto es que le di su oportunidad y la encontré bastante amena.
Nos cuenta una historia vivida por el personaje principal, Oscar Drai, durante su adolescencia. Con los años no puede olvidar y decide contar lo que pasó cuando un día decide adentrarse en un caserón abandonado. Ahí conoce a Marina y a su padre, un pintor viudo apenado por la muerte de su esposa. El personaje se adentra en la vida de ambos y termina involucrado en una aventura cargada de misterio y con otros seres extraños.

Los fresones rojos, de Esteban Navarro.
Un libro cortito y que no terminó de atraparme demasiado.
Un policía es contratado para investigar la desaparición de una niña, sucedida trece años atrás luego del asesinato de sus padres. El policía toma una excedencia en su trabajo para dedicarse a localizarla, y descubre que no es el primer investigador contratado con este propósito. Los otros han muerto en situaciones misteriosas, y enseguida ve peligrar su vida.

"Outlander". Claire y Jamie
Forastera, de Diana Gabaldón.
Es muy probable que hayan visto la serie “Outlander”, o que por lo menos hayan oído hablar de ella. A mi me la recomendó una conocida, quien también me dijo de los libros. Son ocho, y este es el primero de la saga.
Les cuento que de la serie televisiva tengo ya vista la primera temporada (está en Netflix), la cual me gustó bastante. Rodada en Escocia, los paisajes son alucinantes. También está buena la ambientación de época. Esto me dio ganas de adentrarme con la lectura.
Recién acabada la Segunda Guerra Mundial, una joven pareja se reúne para pasar sus vacaciones en Escocia. Una tarde, cuando pasea sola por la pradera, Claire se acerca a un círculo de piedras antiquísimas y cae de pronto en un extraño trance. Al volver en sí se encuentra con un panorama desconcertante: el mundo moderno ha desaparecido, ahora la rodea la Escocia de 1734. Claire tendrá que elegir entre la seguridad del futuro que dejó atrás y la apasionante incertidumbre del pasado que ahora habita.

 Atrapada en el tiempo, de Diana Gabaldón.
Han pasado veinte años desde que Claire ha vuelto de un viaje a través del tiempo, una aventura en la Escocia del siglo XVII.  Regresa a la zona donde todo comenzó con su hija Brianna, y se dedica a una búsqueda de las tumbas de los caídos en la batalla de Culloden, en 1745.
El viaje le da la oportunidad de sincerarse con su hija y contarle la verdad sobre su origen. También es una buena oportunidad de rememorar los tiempos pasados en Francia junto a Jamie Fraser, su gran amor. Así el lector se entera de los sucesos de esos años, en los cuales intentaron cambiar uno de los capítulos más difíciles de las Tierras Altas.
Claire descubre con sorpresa que su amor Jamie ha sobrevivido a la sangrienta batalla, y toma la decisión de volver a intentar el viaje al pasado para reencontrarlo.

¿Alguno les parece interesante?


martes, 20 de noviembre de 2018

Fin de viaje a Perú, con una auténtica maravilla del mundo

En el último post les mostré un poco de Machu Picchu, con lo que se dejaba ver tras la nube que prácticamente lo cubría todo.
Como les contaba, por suerte llegó un momento a media mañana en que se despejó bastante el cielo y nos permitió ver con claridad el sitio.

Con la montaña de fondo. Maravilloso!
¡Que impactante! Es una auténtica belleza.


Ahí si tuvimos la típica foto que se ve en postales, con la montaña de fondo y la panorámica de la ciudad de piedra debajo.
Pasamos entonces a meternos en la ciudadela, recorriendo las construcciones, tan bien mantenidas.

Ahí por momentos se juntaba bastante gente en ciertos pasos y había que armarse de paciencia para esperar que se despeje y poder avanzar.

Hay bonitas vistas, y fue una experiencia hermosa. Estar rodeados por tanta historia y semejante paisaje es maravilloso.
Les dejo unas cuantas fotos que ahí tomamos.

Se armaban filas de gente por momentos..
La ciudadela desde adentro
Salimos del santuario cerca del mediodía. A la salida existe la posibilidad de sellar el pasaporte con una imagen que representa la típica postal, lo cual hicimos para que nos quedara de recuerdo.


La fila para tomar el bus y descender fue bastante larga, de alrededor de cuarenta minutos. Una vez abajo almorzamos en Aguas Calientes, y ahí ya tomamos el tren que nos regresaría a Cusco. La última noche antes de emprender la vuelta a casa, felices con lo vivido.
Nos llevamos un recuerdo precioso de este viaje, el cual les recomiendo hacer si tienen la oportunidad.

¿Qué les pareció el sitio? 


viernes, 16 de noviembre de 2018

Machu Picchu (bajo la nube)

El día comenzó bien temprano ya que a las 6 am nos juntábamos con un grupo para subir a conocer Machu Picchu. Nos habían indicado puntualidad extrema para no tener que esperar mucho en la fila para subir al bus.

Los pasajes ya estaban comprados de antemano, al igual que la entrada al santuario. Todo esto nos lo gestionó la agencia, lo cual fue bueno porque hay cupos diarios y no puede dejarse para último momento.

Recien llegados a la ciudadela, nos sentimos observados
Como les conté en el último post, había estado lloviendo mucho el día anterior. La expectativa sobre como arrancaría el día era importante. 
Ya se dan cuenta de como arrancó el día, no? Miren la nube
Todo el camino de subida lo hicimos rodeado por una nube que tapaba todo. Lo mismo pasaba una vez arriba de la montaña, ¡se veía poco y nada!.

Ahí atrás está la ciudadela (aunque no lo crean)
Imaginandonos Machu Picchu atras de la nube
El guía sin embargo nos tranquilizó, nos dijo que por experiencia lo más probable es que se despejara para media mañana, y que ahí contaríamos con mayor visión. Ya les adelanto que tuvo razón, pero en ese momento era una posibilidad y no sabíamos cómo resultaría.



Despejes temporales permitian que vieramos algo
Nos llevó primero a un lugar desde donde se tiene la vista panorámica de la ciudadela. Es decir, la típica imagen que uno ve en las fotografías.

Bajo la nube nos la imaginábamos más que otra cosa, aprovechábamos a sacar fotos cuando se corría un poco. Era gracioso porque ahí la gente comenzaba a dar gritos de felicidad y admiración, aplaudía. Es que estar ahí es increíble realmente.


Se despejó otro poquito!!
Nos estuvo explicando varias cosas de la ciudad inca. Por ejemplo, que su excelente estado de conservación se debió a que por muchos años permaneció olvidada, y entonces zafó de ser destruida por los españoles cuando conquistaron la zona.

Fue redescubierta a principios del siglo pasado, y los únicos destrozos habían sido los de la propia naturaleza, en su accionar durante más de 300 años. Pero por todo lo demás estaba impecable. Su descubrimiento se debe gracias al investigador Hiram Bingham III quien estaba buscando la última capital de los incas Vilcabamba.


Acá también hay zonas de terrazas
Actualmente es considerada patrimonio cultural de la humanidad al ser reconocida como importante centro político, religioso y administrativo de la época incaica. Machu Picchu que en castellano significa “montaña vieja”, es la ciudadela inca más famosa del mundo. ¿Quién no escuchó hablar de ella y sueña con poder conocerla?

La montaña quería comenzar a verse
Machu Picchu estuvo interconectado con todo el Imperio  a través de la conocida ruta de los caminos del inca.

Es un lugar mágico..
El guía nos explicó que teníamos disponible para ver la llamada “Puerta del sol”, desde donde se tienen unas vistas hermosas de la ciudad. Había que caminar un poco para llegar hasta ahí, pero nos lo recomendaba porque de paso hacíamos tiempo para esperar a que la nube se despeje. Por supuesto allí fuimos.
Hacia la puerta del sol
Cuando llegamos ahí nos encontramos el mismo panorama: mucha nube, con despejes temporales y gritos de alegría de la gente cuando eso sucedía.
Ven la ciudadela? Y el camino por donde se llega a ella con el bus

En la "Puerta del sol"

Vista de la ciudadela


Disfrutando el lugar
Para cuando regresamos de ahí, ya el clima había comenzado a cambiar. ¡Hasta se veía la montaña del otro lado! ¡Que alegría! La vista es asombrosa.

En el camino
Al lado de uno caminan las llamas y vicuñas, las cuales están acostumbradísimas a los turistas, ni se inmutan por cruzarse con la gente. ¡Son tan lindas de ver!.




Les dejo algunas fotos de esta primera parte. Prometo que para la próxima vienen las imágenes “post nube”, y con ellas el cierre de los relatos de este viaje fantástico.

Simplemente maravilloso
¿Qué les parecen? ¿Les gusta el sitio?