Hace más de año y medio que estamos en el
camino de la búsqueda de un bebé que no llega. Es duro, con momentos mejores y
otros no tanto. Algunos en que estoy más fuerte y confiada, otras en que me
siento más triste.
Cultivar la paciencia es algo que tenemos que
hacer. Hay temitas para solucionar. Ya les había contado en marzo lo que nos
había dicho el médico, en este post.
Con posterioridad a ello fuimos al andrólogo,
y él está en tratamiento con unos medicamentos magistrales para ver de levantar
los valores que estaban mal. Ya lleva unos tres meses de estas tomas, aunque
sabemos que recién a fin de año tiene que hacerse un nuevo estudio para ver si
algo mejoró. Antes ni vale la pena. Es que estos temas son así, largos,
desgastantes. Hay que darle tiempo, no hay mucho más que se pueda hacer.
El médico nos dice que igual sigamos buscando,
que nunca se sabe. Que no sería lo lógico que tuviéramos novedades a esta altura del tratamiento, pero que
siempre puede haber una mínima posibilidad.
Yo siempre fui de tener ciclos largos y no muy
regulares. Todo parte de la poliquistosis ovárica, la cual estoy tratando con
la metformina. Por eso para considerar
un atraso la verdad es que tienen que transcurrir unos cuantos días. A veces me
permito ilusionarme un poco. Cuando se va demorando más de la cuenta empiezo a
pensar “y si esta vez fuera?”. Es inevitable. Claro que cuando no se da duele
bastante, porque se dio lugar a la imaginación.
El soñarme con pancita, el sentir que puede darse.
Venía con unos días de atraso. Estaba deseando
creer en el milagro. Claro que recién en el baño vino el balde de agua fría. No
era. Solo mi cuerpo desprolijo e irregular. No hay bebé, no hay embarazo. Por
ahora son solo sueños.
Y me siento triste. Estoy en la oficina y
quiero llorar. ¿Cómo concentrarme en una planilla de Excel? ¿Cómo pensar en el
presupuesto de la compañía? Solo quiero llorar.
No es fácil. A veces no lo es.
Ya me levantaré. Otro día habrá lugar para
ilusionarme de nuevo. Para pensar en que “esta vez si es”. Ojalá.





