miércoles, 13 de noviembre de 2019

Del finde pasado no voy a hablar

No, de este fin de semana que pasó mejor no hablar. Y es porque me lo he pasado en cama con bronquitis. Así que no hay mucho que decirles más que en vez de disfrutar de los bonitos días de sol, me quedé encerrada y acompañada por pañuelos y antibióticos. Un horror.

Un poco mejor estoy a estas alturas, aunque ando lidiando con las contraindicaciones de los remedios. Es que lo que arregla una cosa desbarata otra, a la tos y dolor de garganta le sumé temas estomacales. Y las obligaciones laborales me impidieron seguir de reposo, son días bastante movidos.

De lo que si quiero hablarles es del fin de semana anterior, ese con el que comenzamos el mes de noviembre. Porque ahí compartimos lindas actividades y en buena compañía.

Fuimos con una amiga y su familia a la actividad de “La Noche de los Museos”, que se hace una vez al año y ya lleva quince consecutivos. Cada vez con nuevas propuestas y más sitios que participan. Hay mucho para elegir, y todo se llena de gente.
En esta ocasión mi amiga sugirió ir al “Centro Ana Frank Argentina”. Me pareció genial porque es relativamente cerca de casa y nunca había ido. Aquí se recrean los espacios en los que vivió Ana Frank durante la época en que tuvo que esconderse. La casa original en Amsterdam no la habíamos visitado durante nuestro viaje a esa ciudad porque era un mundo de gente. Así que fue interesante verla aquí recreada. Los espacios eran pequeños, y la hija de mi amiga, que tiene 6 años, en un momento de la visita dijo “mamá, esto no me gusta”. La madre le replicó que seguramente a Ana tampoco le gustaba. Y da que pensar, ¿verdad? Ya que la niña no soportaba estar ahí unos minutos, mientras que Ana y su familia pasó casi dos años ahí escondida, con el temor de ser delatados, cuidando no hacer ruidos. En fin, una historia trágica que por supuesto no fue la única de ese momento.
El museo incluye también una sala con una línea de tiempo en donde se explica la situación de Alemania, el como se desarrolló el nazismo, y otra serie de hechos que impactaron en la vida de esta niña como en la de tantos otros.

A su vez hay un paralelismo con lo que fue la dictadura en Argentina, compartiendo algunas formas de actuar del régimen nazi. Un espacio para reflexionar y que recomiendo conocer.

Más tarde nos dirigimos al centro y participamos de una serie de juegos que se había preparado para los niños, con música y luces. Estuvo muy lindo, cerramos el día con una cena tardía por la zona.

El domingo tocaba madrugar ya que habíamos sido invitados al acto de cierre del año del jardín donde va el ahijado de mi marido. El nene ya tiene tres años, y es la tercera vez que vamos. Es un honor para nosotros, ya que los padres siempre nos hacen extensiva la habitación, incluyéndonos en el círculo íntimo de la familia. Es bueno compartir estos momentos.
Vimos a todas las salitas del jardín actuar. Los más pequeños bien perdidos, los más grandes con un poco más de coordinación. Pero igual surge algo divertido, en donde se comparte la emoción de las familias de los actores.

¿Cómo están ustedes?

martes, 5 de noviembre de 2019

Tilcara y Humahuaca

Retomo el blog luego de unos días de ausencia, y lo hago adentrándome en la pintoresca Quebrada de Humahuaca. Este fue el destino al que nos dirigimos luego de recorrer la zona de Cafayate, en la provincia de Salta.

Después de algunas horas de viaje en auto llegamos a Tilcara, en la provincia de Jujuy. Aquí almorzamos un plato típico de la zona y dimos una recorrida rápida.
Es un pueblo pequeño pero creo que ha crecido bastante desde la última vez que estuve allí, unos diez años atrás. Llegamos enseguida a la plaza principal, que es donde funciona una feria artesanal de lo más colorida. Muy cerca de allí se encuentra la iglesia Nuestra Señora del Rosario. En los alrededores hay un par de museos, y varias tiendas y restaurantes.

A tan solo 1 km del pueblo se encuentra el Pucará, que es un yacimiento arqueológico muy importante.

El pucará fue una defensa y asentamiento de los habitantes precolombinos de la quebrada. Fue instalado en una zona estratégica por el cruce de antiguos caminos, desde donde se podía vigilar y controlar los accesos a diferentes regiones del noroeste.

Lo visitamos acompañados de un guía de la zona, que nos dio explicaciones muy detalladas e interesantes. Fue lindo recorrer las ruinas, algunas de ellas reconstruidas. Y también aprender sobre la historia y la cultura de sus habitantes de antaño, pero también de su población actual. Nos llamó la atención conocer como algunas costumbres siguen vigentes aún en estos días.


El paisaje es lindo de ver, en elevación se cuenta con unas vistas maravillosas, en donde predominan los cardones.

Muy cerca del pucará se encuentra el jardín botánico, que tiene una amplia colección de plantas que crecen las alturas de los cerros y La Puna. 

Iglesia de Tilcara
De allí nos dirigimos a Humahuaca, otro típico pueblo de la Quebrada. Se encuentra cerca de los 3.000 metros de altura, rodeado de cordones montañosos.
Llegando a Humahuaca
Uno de los atractivos es el Monumento a los Héroes de la Independencia, construido para conmemorar a los pobladores del norte que lucharon en la guerra por la independencia. El monumento está compuesto por una larga escalinata de piedras que culmina en el grupo escultórico de bronce. Desde el monumento se aprecia una hermosa vista del pueblo.
Otros de los lugares muy visitados es el mercado artesanal donde se ofrecen diferentes productos como recuerdos, prendas de lana, productos regionales, etc…
Vista desde el monumento
De aquí nos dirigimos a Purmamarca, pueblo en donde teníamos reservadas dos noches en una preciosa hostería.



miércoles, 23 de octubre de 2019

Los libros de septiembre

 Durante septiembre leí tres libros, muy diferentes entre sí.
Un par de lecturas ligeras que me gustaron bastante, y otro que tenía mucho de historia y se me hizo algo pesado.

La noche de la Usina, de Eduardo Sacheri.
Novela que me gustó mucho, llevadera y entretenida, y en la que está basada la película argentina “La odisea de los giles”. No la tengo vista, aunque he recibido recomendaciones instándome a que no me la pierda. Seguramente ya le llegará su turno.
Transcurre la historia en un pueblo perdido de la provincia de Buenos Aires. Durante la crisis económica de 2001 que desembocó en el corralito bancario, un grupo de vecinos se propone reunir el dinero necesario para llevar a cabo un proyecto que podría ser una salida de la decadencia y la pobreza. Pero en medio de la incautación general de los ahorros, sufren una estafa particular que los decide a recuperar lo perdido.

Descenso a los infiernos, de Ian Kershaw.
Cuenta la historia de Europa desde la primera guerra mundial, hasta mediados de siglo. Habla de los efectos de las dos guerras mundiales, la crisis económica de los años treinta y las conmociones que condujeron, por una parte, a la revolución bolchevique y, por otra, al ascenso del fascismo y del nazismo. No solo habla de la contienda bélica, sino del contexto social, cultural y económico del continente.
Si bien es interesante, es una temática que se hace pesada por momentos. Permite entender por qué se dieron algunos sucesos, y las consecuencias de los mismos. Por momento hay mucho dato que cuesta retener.

Ella y él, de Marc Levy.
Es una comedia romántica bastante linda y fácil de leer. Una historia que enternece, con la bella ciudad de Paris de fondo.
Unidos de casualidad gracias a una web de contactos, se hacen amigos. Les dejo la sinopsis de internet:
Ella es actriz. Él, escritor.
Ella se llama Mia. Él, Paul.
Ella es inglesa. Él, americano.
Ella se esconde en Montmartre. Él vive en el Marais.
Ella tiene mucho éxito. Él, no tanto.
Ella es una estrella. Pero él no lo sabe.
Ella se siente sola. Él, también.
Ella mete la pata constantemente. Él la hace reír.
Ella no debe enamorarse. Él, tampoco.

¿Alguno de estos libros les llama la atención? ¿Los leerían?

viernes, 18 de octubre de 2019

Cafayate: tierra de vinos y cerros colorados

Después de haber pasado un hermoso día en el pueblo de Cachi nos dirigimos hacia la ruta del vino yendo a conocer Cafayate, dentro de la provincia de Salta.
Cafayate es zona de viñedos
Desandamos el mismo camino que habíamos hecho el día anterior, para luego sumarle el tramo de la ruta 68 que nos llevaba a destino. Fueron varias horas de manejo, se las bancó todas solo mi media naranja. Decidimos que todas las paradas de la Quebrada de las Conchas las íbamos a dejar para el día siguiente, ya que queríamos llegar a la hora de almuerzo.

Bodega donde paramos a almorzar
Nos dirigimos a una de las bodegas de la zona para comer algo y descansar del viaje. Estuvo genial la elección, ya que nos pudimos sentar en una mesa al aire libre, bajo los árboles y con vistas a las viñas y a las montañas. Nos pedimos una picada y una copa de vino cada uno, y nos quedamos un rato disfrutando del paisaje.

Chin chin con esta bella vista
Finalmente pasamos por el hotel, y luego recorrimos un poco el pueblo. No es grande, tiene por supuesto la plaza principal, y una zona con tiendas de artesanías y restaurantes.

La noche estaba animada, con música que salía de los locales.

Al otro día ya si en el camino de vuelta hicimos todas las paradas que nos habían quedado pendientes. Hay varios caminos para caminar entre cerros colorados, y formaciones rocosas interesantes.





Por ejemplo la de “el obelisco”, y “el sapo”.



Las que más me gustaron sin embargo fueron “El Anfiteatro” y la “garganta del diablo”.
En el primero la acústica es realmente asombrosa, y algunos músicos locales lo aprovechaban. Un hombre con su guitarra en mano nos deleitó con algunas interpretaciones de canciones conocidas. Fue muy lindo.

Ya de ahí nos fuimos a la ciudad de Salta, donde hicimos noche.

¿Qué les pareció este recorrido?


jueves, 17 de octubre de 2019

Los libros de agosto (con retraso)


Tengo pendiente contarles sobre mis lecturas de los últimos meses. A pesar de que estuve ocupada con varias cosas tuve mis ratos para leer, como saben aprovecho los transportes, etc.

Acá les traigo las obras que leí en agosto:

Los últimos días de nuestros padres, de Joël Dicker.
Esta es una novela que me gustó bastante. Trata sobre un joven francés que deja a su padre y  se alista en el SOE, una sección de servicios secretos creada durante la segunda guerra mundial para llevar a cabo acciones de sabotaje. El protagonista supera un duro entrenamiento y es escogido para formar parte de la sección. Junto a otros compañeros es enviado en misión a la Francia ocupada. Un tiempo en el que conocerá el amor, el miedo y la amistad.

Jaque al psicoanalista, de John Katzenbach.
“El psicoanalista” fue el primer libro que leí de este autor, a principios de 2015. Esta vendría a ser su continuación, y no terminó de gustarme demasiado.
Aquí nos trae nuevamente al doctor Starks, quien había logrado reconstruir su carrera profesional luego de la experiencia traumática que casi le cuesta la vida en la primera parte. Sin embargo, un día encuentra en su consultorio al ser que había dado por muerto. Ha vuelto para acabar con él, pero también con un pedido de ayuda al que no puede negarse.

El retrato de Rose Madder, de Stephen King.
Esta novela me gustó bastante. Rosie ha abandonado a su marido luego de haber sufrido por años brutales maltratos. Este es policía y está decidido a rastrearla y hacerle pagar esta afrenta. Enseguida se pone a la caza de su mujer, quien aunque ha comenzado su vida en otra ciudad no ha podido evitar dejar algunas pistas que lo llevaran hacia ella. Pareciera que a Rosie solo puede ayudarla la mujer del cuadro de su habitación, quien la invita a pasar a su lado de la realidad.

Mujeres tenían que ser, de Felipe Pigna.
Este es un libro que por momentos me ha parecido muy interesante y llevadero, y en otros sumamente aburrido. O sea, tengo un poco de sentimientos encontrados con esta obra.  
Recorre el protagonismo de las mujeres en la historia argentina, desde las pobladoras originarias hasta quienes obtuvieron las primeras victorias en su lucha por la igualdad. Aborda la vida cotidiana, las condiciones legales, sociales y culturales, la participación femenina en los procesos históricos, políticos y económicos. Nos habla de mujeres que rompían los moldes que se les pretendían imponer.
De su lectura rescato el entender que las condiciones que hoy tenemos hoy en día han sido ganadas con esfuerzo y lucha. Que aunque falta mucho todavía, hay cosas que se tienden a dar por sentado pero que no siempre estuvieron. Que el camino no ha sido fácil, pero a su vez muestra que con determinación mucho puede lograrse.

Cuando pueda me pongo al día con el post sobre los libros de septiembre.
¿y ustedes que anduvieron leyendo?

miércoles, 16 de octubre de 2019

Camino a Cachi, un lindo pueblo del noroeste argentino.

La semanita que pasamos en la zona del noroeste era la segunda vez para mí por esos lugares. Ya había estado en el  2008, aunque en unas vacaciones diferentes porque era otra la época del año y otra mi compañía.

Me habían quedado igual pendientes varios sitios por recorrer, y uno al que le tenía especiales ganas era Cachi.
En el camino
Sabía que era un pueblito pequeño pero pintoresco, y que llegar allí era algo que valía la pena porque el camino era interesante.

Como alquilamos un auto, pudimos movernos por nuestra cuenta y ser dueños de los tiempos. La verdad es que es algo que recomiendo de tener la posibilidad.

Partimos después de desayunar de la ciudad de Salta. Ahí tomamos la ruta 68 hasta un pueblo llamado El Carril, punto desde el que hay que tomar la ruta 33. Esta ruta provincial es a pura curva y contra curva y llega a una altura de 3348 metros de altura sobre el nivel del mar.


Al comenzar el recorrido podemos ver una vegetación prácticamente selvática donde habitan helechos a lo largo del Rio que da origen a la quebrada de Escoipe.

Cardones tipicos
La “cuesta del obispo” nos va subiendo en altura. 


Viendo el camino recorrido



Artesanias locales

Se llega luego de un rato a un bonito mirador llamado “la piedra del molino”.
Le sigue un camino llamado Recta de Tin Tin, cuya curiosidad es que existe desde el período incaico. Divide dos paisajes muy distintos: a la derecha se encuentra el Cerro Negro y hacia la izquierda el cerro Tin Tin de donde proviene su nombre.


La región cuenta con innumerables cardones, especie muy respetada en la zona que sirvieron durante muchos años como fuente de alimento para hombres y animales, y su madera es usada en la construcción de muchas artesanías.

Hay algunos miradores donde uno puede estar junto a varios de estos ejemplares. Algunos son realmente grandes.


Finalmente al mediodía llegamos a Cachi. Declarado como lugar histórico Nacional, este pueblo está a una altitud de 2531 msnm.


Después de almorzar unas empanadas típicas de la zona fuimos a buscar nuestro alojamiento, ya que aquí pasamos la noche. Ya teníamos de antemano reservada una cabaña, la cual quedaba un poco retirada pero era un lugar muy agradable y tranquilo.
Una rápida siesta para recargar energías y a seguir paseando por el pueblo. Recorrimos la plaza principal, la iglesia, y un museo.

Fuimos también a algunos miradores, y caminamos por las callecitas.
La cena fue en un restaurante junto a la plaza principal. Hermosa noche pasamos, rodeados por cerros.


¿Conocen Cachi? ¿Qué les pareció el pueblo? ¿verdad que tiene encanto?