Ayer fue feriadito en Argentina (en conmemoración al
día de la independencia), y como el día estaba gris y lluvioso aproveché a
dormir bastante. Que placer ese corte en medio de la semana. ¡Tenía sabor a
domingo! El ritmo era propio de ese día.
Como igual no podía quedarme todo el tiempo durmiendo
cual marmota, aproveché también a salir un poco. El destino fue un shopping, ya
que resultaba un lugar cerrado (es decir, a salvo de la lluvia y el frio) y con
la posibilidad de ver diferentes locales, de comer algo rico en el patio de
comidas, etc. No soy muy amante de los shoppings, pero resultó una linda
salida. Eso si, no muy original. El lugar estaba repleto de gente.
Completé el día con películas, con un poco de lectura,
con juegos con el gato (que tiene chiches nuevos que le trajeron mis padres el
otro día). Tranquilo pero lindo.
¿Y ustedes como lo pasaron?
Ahora a esperar que se pasen rapidito las tres
jornadas laborales que quedan esta semana (Iupy! Va a ser cortita!), ya que
este finde me voy a embarcar en una mini escapadita (si, ya sé que es
coincidente con el inicio de las vacaciones escolares, tal vez no sea muy buena
idea esta fecha porque es probable que haya mucha gente en la ruta, pero así
salió y estoy contenta con eso). Ya les contaré mas detalles.
Les dejo además otra historia cortita sacada del libro
Maktub, de Paulo Coelho. Para reflexionar el día de hoy:
DE CAMINAR
Dos hombres caminan por la playa. Uno de
ellos hace esto porque, en virtud de problemas de corazón, el médico aconsejó
los paseos matinales. El otro está allí porque la caminata es uno de los
grandes placeres de su vida.
El hombre con problemas de corazón
comenta: "¡Quisiera que esto acabe enseguida! ¡Es aburridísimo andar por
la playa!". El otro no entiende el comentario; en su mundo, las caminatas
son agradables.
El hombre con problemas de corazón podía
sacar provecho de lo que le sucede en la vida. Cualquier actividad tocada por
el amor, es motivo de placer y júbilo.
Pero él no lo consigue; la caminata es
un tratamiento médico, nada más. Por eso, su hora y media de alegría se
transforma en suplicio y tormento.


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